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La técnica opresora como base de cualquier dictadura, es la liquidación de la libertad de información y formación, así como de expresión. Su accionar represivo siempre tiene una doble dimensión: la represión de los cuerpos físicos de los ciudadanos y la represión de las ideas y la palabra. La dictadura busca instalar una única voz, un único relato, una única forma de narrarla y una única forma de interpretarla. Su discurso oral y visual no solo busca describir la realidad a su manera sino también cómo interpretarla y cómo comportarse ante esa realidad. La dictadura evita cualquier voz contradictoria. Para lo cual establece una realidad que se construye sobre nosotros y ellos, los enemigos de la patria, el exiliado que quiere desestabilizar la paz reinante.
El resultado más claro de este orden de cosas es la indefensión del público ante la conspiración informativa y la dependencia, cada vez mayor, del público hacia los que ostentan el poder. Hoy mismo en Guinea Ecuatorial la escolaridad termina para la inmensa mayoría a temprana edad. Sus principales vehículos de formación e información es lo que informa el Grupo en el poder y las redes sociales. Por otra parte, la falta de información sobre nuestra historia y de una formación cultural sólida y continua resta elementos de distancia crítica y comprensión de la realidad, lo que provoca una entrega total al imperio de la desinformación de la dictadura y las redes sociales. Por eso que un “Hazme reír de todo el mundo” como el actual “mandamás” en el país, sin otros títulos que los condecorados por su padre, se puede convertir en líder de formación e información y tener control a la juventud y a toda la población que asiste a este espectáculo de manipulación de la información.
El Grupo en el poder ha hecho del manejo y control de información el centro de su política de seguridad, tanto a nivel colectivo como individual. La red de vigilancia es muy amplia: desde el monitoreo del uso que hace la población del celular (emails, compras, aplicaciones bancarias, mensajería instantánea…), pasando por el análisis de la información que se comparte en las redes sociales, hasta el desarrollo de complejos algoritmos capaces de perfilar a los ciudadanos y encontrar patrones para predecir la probabilidad de que comentan un crimen o inicien una protesta antigubernamental.
Cabe diferenciarse la información falsa, fake news, de la desinformación. La información falsa puede ser que no se ha informado correctamente. Mientras la desinformación que no contienen necesariamente noticias falsas, pretende distorsionar la realidad mediante contenido manipulado y erosionar la estabilidad y posibilidad de que el individuo puede pensar por sí mismo. Tanto los fake news como la desinformación, constituyen una de las mayores preocupaciones de la ANRD, porque tiene clara repercusión en las futuras generaciones. La juventud es particularmente vulnerable debido al uso intensivo de las redes sociales y, a menudo, a la falta de habilidades de pensamiento crítico para identificar información de baja calidad. Esta exposición puede tener graves consecuencias, como la manipulación de opiniones, el riesgo para la salud mental y física, la promoción de discursos de odio, el fomento del consumismo, etc.
¿Estamos condenados a eso o habrá salida? Medios alternativos como la Voz del Pueblo de la ANRD muestran que se puede informar sin desinformar. Aquí está el desafío. La ANRD quiere liberar y democratizar la palabra. Informáte y formáte para exigir y defender mejor tus derechos.